Algunas conexiones de Los amores fingidos con los cuentos populares
Concluida ya la segunda jornada de nuestra obra de teatro, nos gustaría llamar la atención de nuestros oyentes y suscriptores resaltando algunos aspectos narrativos presentes en nuestra obra teatral, los cuales hemos utilizado conscientemente para enriquecerla y darle mayor profundidad. Nos referimos específicamente a los cuentos populares. Quizá la relación más evidente que establece Los amores fingidos sea con La Cenicienta. Teresa, gracias a las artes de su criada Clara, quien oficia de hada madrina proporcionando un plan y los atuendos necesarios de varón al final de la primera jornada, puede asistir a la fiesta y al baile que se celebrará en casa de doña Francisca, donde se elegirá el esposo de Elisa. “Mil gracias, ama madrina”, expresa una agradecida Teresa a su criada.
Nos encontramos, por tanto, ante una consciente inversión del famoso cuento, que estructura y sirve de base a numerosas comedias románticas cinematográficas. Una Teresa que, en este caso, logra cumplir el sueño de salir de su prisión, de su encarcelamiento, disfrazada con ropas de varón durante el día del Corpus, y de vivir una aventura durante veinticuatro horas convertida en un hombre. Teresa, ataviada como don Nuño, desempeña el papel del príncipe del cuento, bailando con un Ernesto disfrazado de mujer, besándolo, enamorándolo y abandonándolo cuando suenan las doce campanadas, y en compañía de su criada Clara, debe abandonar la casa de doña Francisca precipitadamente, tras la ejecución del peligroso jaque, y desaparecer sin que nadie, por el momento, sepa nada acerca de su identidad, a bordo de una carroza que la misma Clara compara con una calabaza.
En esta tercera parte, te invito a descubrir nuevas similitudes con La Cenicienta de Disney a medida que los acontecimientos se desarrollan. Observa cómo la intriga se intensifica con la investigación de los alguaciles sobre la verdadera identidad de Teresa. ¿Será este el momento en que la magia del cuento de hadas se entrelaza aún más con la realidad, revelando sorpresas y giros inesperados? Acompáñanos mientras exploramos cómo la historia de Teresa se entrelaza de manera fascinante con los elementos clásicos de La Cenicienta, llevándonos a un viaje lleno de misterio y encanto.
Dentro de las inversiones de género que establece la obra, Teresa no es diferente a los héroes masculinos de muchos de los cuentos populares. Destinada a cumplir acciones y aventuras extraordinarias, Teresa encarna la figura del héroe clásico de los cuentos, quien finalmente se convierte en el príncipe azul de Ernesto, enfrentando la amenaza que se cernía sobre él al eliminar al jaque de Mairena. Teresa emerge como el héroe del cuento masculino, trayendo la tranquilidad al reino amenazado. Su valentía y coraje la llevan a enfrentarse a la amenaza que se cernía sobre el reino y, especialmente, sobre la princesa, a quien salva de cualquier peligro, ya sea el monstruo marino, el temible Kraken, el monstruo marino Ceto que aterroriza a Andrómeda, o cualquier otra amenaza, para luego desposarla y sellar así su destino heroico.
No acaban aquí las referencias a los cuentos populares que aparecen dispersas a lo largo de la comedia. Si Ernesto es una princesa amedrantada por la amenaza de ese jaque que le ha retado a un duelo, y a quien la sangre le produce desmayos, él mismo se convierte a los ojos de Teresa en un atractivo personaje cuando ella lo ve por primera vez, persiguiendo a su sombra, perseguido por ella, o acosado por la gigantesca oscuridad del jaque de Mairena. Teresa se da de bruces con un acobardado Ernesto que huye en el capítulo “Huyendo de una sombra”. ¿Cómo no ver en el diálogo entre los dos el consciente homenaje a Peter Pan y especialmente al episodio del film de animación en que Peter va tratando de atrapar a su sombra que está huyendo de él, y finalmente Wendy la cose a sus zapatos? Ernesto es también un Peter Pan, un personaje atrapado en su estadio infantil, que necesita madurar, convertirse en un hombre y lograr salir de la prisión en que una sociedad con férreas normas del honor le ha atrapado, incapaz de rebelarse contra su madre. Pero su sombra, esa sombra jungiana, es también esa parte que tiene reprimida, su parte femenina que lo persigue, con la que tiene que enfrentarse y al fin aceptar que también le pertenece, como Teresa ha aceptado su sombra masculina. Teresa se convierte así, gracias a Ernesto, en una Wendy que lo cuida y lo protege. De hecho, ambos deberán decidir al final de la comedia si desean seguir viviendo solo en ese mundo de sueños, en esa tierra de Nunca Jamás donde pueden vivir alimentados por sus sueños, o también en una sociedad que los encorseta y reprime.
Finalmente, cabe hablar de esos pretendientes que pueblan los cuentos infantiles: jactanciosos, cómicos, grotescos, ridículos; todos tienen en común que jamás conseguirán el amor de la princesa. Así son estos seis ridículos pretendientes que se afanan por enamorar no solo a Teresa, sino también a Elisa, o a cualquier otra doncella que en Los Amores Fingidos hubiera aparecido. Son desesperados pretendientes que recitan siempre los mismos versos, en busca de una princesa de sus sueños que les consiga la felicidad, como esos tristes personajes en busca de un autor, aquí en busca del amor. Están condenados a ser solo personajes bufos, condenados a hablar en octavas reales (los únicos que hablan utilizando el endecasílabo con consciente engolamiento), al igual que los nobles Ricardo y Federico, pretendientes de Diana en El Perro del Hortelano de Lope de Vega. Son personajes grotescos, pero que en la tercera jornada podrán redimirse, como el oyente comprobará. Seis personajes que, sumados al goloso cura don Abelardo, componen el fresco de los siete pecados capitales, pero que son como esos siete enanitos, cada uno con sus defectos y sus vicios, entrañables personajes que al fin han de velar por la felicidad de su dulce princesa Blancanieves, pero que nunca pueden aspirar a casase con ella.
Es así como la plantilla narrativa de algunos de los más célebres cuentos populares infantiles ayuda al desarrollo, sobre terreno firme narrativo, de la estructura narrativa y dramática de Los Amores Fingidos. Porque sin cuento, sin moraleja, no hay historia que merezca la pena.

Deja un comentario