Galería de personajes de Extrañas en una posada o Los amores ridículos

Galería de personajes de Extrañas en una posada o Los amores ridículos

Personajes en escena

Doña Leonor

Doña Leonor, mujer madura, de cierta corpulencia, desplaza su ansiedad con la comida. Casado con un viejo magistrado, hipocondríaco y avariento, don Rafael, Doña Leonor lleva esperando más de viente años que su esposa fallezca, circunstancia que cada vez le parece más improbable a medida de que su marido se acerca a cumplir los cien años. Celoso en extremo, sempiterno enfermo, solo permite a su mujer que sea acompañado con un primo lejano suyo, don Fernando, militar curtido en Flandes, diestro con la ropera y la pistola, amante de duelos y defensor a ultranza de la honra de doña Leonor, cual revivido perro del hortelano, a quien no deja que ningún hombre se le acerque, manteniendo a doña Leonor en una tristísima vida casta.

Matilde Forteza González

Inés

Hija de un noble empobrecido, su padre la ha prometido a un rico banquero judío, con la esperanza de sanear las mermadas arcas de la familia. Inés, sin embargo, se resiste a casarse con semejante momia egipcia, y ha alertado a Mario, su prometido, de su situación, esperando que su amado haga algo para sacarla de tan cruel y fatídico destino. Su vida discurre por e momento entre llantos y congojas.

Manuela Luna Fernández

Rocío

La apasionada Rocío fue actriz en su juventud, casándose con un autor de comedias de cierto éxito en su momento. Pronto descubrió que su matrimonio no había sido sino una estratagema de su marido para guardar las formas. Libertino, lascivo e impenitente pedófilo, su afición por las menores llevó a Rocío a abominar de semejante engendro del diablo. Rocío cree en el amor, pero en un amor no en igualdad de condiciones: «o sufres o haces sufrir», ese es su lema. Amante del placer y de la vida, no pierde ocasión de engañar a su marido con amantes a los que inflige toda suerte de humillaciones y castigos. No existiendo en el siglo XVII todavía la obra de Sade, diríamos que trata de buscar placer en el castigo de sus víctima, casi siempre jóvenes amantes, corches e incluso magistrados, pro sin demasiada mala intención.

María José Montero Chaparro

Dorotea

Comedianta y escritora teatral, a pesar de ser mujer, tras la obra La muerte viste de paje, logró alcanzar el éxito a pesar de su condición femenina. A partir de ese momento, mudó su aspecto, adoptando la indumentaria de un hombre, tópico común en teatro clásico español. Inconformista por naturaleza, defensora de su condición femenina, desprecia a los hombres y rechaza de plano el matrimonio. Enamorada de una joven, Laura, a quien su despreciable y vil marido humilla con mujerzuelas, desprecia e inflige toda suerte de violencias, está dispuesta a asumir todo el riesgo por salvar y enamorar a Laura y salvarla de las garras de su repugnante marido.

Carmen Aguilar de Arco

Ana

La aldeana Ana desciende de una humilde familia de hidalgos venidos a menos. Huérfana de madre en su infancia, su infancia transcurrió entre la mendicidad, el hambre y las desventuras. En su adolescencia, se vio aquejada de extrañas visiones y profecías que, supuestamente, la Virgen y los santos le transmitían, hablándole de sucesos terribles que acaecerían en España. Tiene, al parecer, también el poder de imaginar y recitar poemas y obras literarias que se escribirán en el futuro. Ana tendrá la oportunidad de conocer a las cuatro protagonistas en una posada de Illescas y de pronunciar un augurio que cambiará definitivamente la vida de las desventuradas y sufridas mujeres.

Elena Claver Hernández

La posadera

Dueña de la posada de Illescas, a pocas leguas de Toledo, la orgullosa y deslenguada posadera trata a sus huéspedes con familiaridad y sin cortesía, e incluso sin respeto, especialmente a doña Leonor, con la que mantiene continuos duelos verbales, y a quien martiriza constantemente con la comida. Su marido es Rodrigo.

Ana Fernández Flores

El Rufián

Personaje secundario, El Rufián es contratado por Dorotea para encargarse del banquero judío. Arrogante, jactancioso, bravo, hombre del hamoa, es el clásico jaque de las obras del Siglo de Oro, con un destino, sin embargo, inesperado. Su papel en este thriller criminal es el del clásico chantajista.

Miguel Martínez Mora

Rodrigo

Nada podemos decir de Rodrigo, casado con la posadera, al que conocemos no por él mismo, sino por las palabras injuriosas de su esposa: truhan, vago, indolente… No sabemos si ese es su carácter porque tan apenas sale y las damas protagonistas no le permiten hablar. Mejor para él. Pasa desapercibido y esa es su suerte, en esta obra en la que los hombres…. Uf, bueno, ya la escucharán. Por no tener, no tenemos ni imagen de él, sino de sus manos llevando el baúl.

Personajes mencionados, con desarrollo narrativo

Laura

Casada don Don Manuel, ha sufrido de él toda suerte de vejaciones y humillaciones. Muchacha sensible, amante del arte y del teatro, bella y delicada, no aparece en la obra sino a través del relato de Dorotea, que la desea y la corteja vestida de hombre, desafiando a su marido. Castigada hasta el exceso, engañada por un esposo adúltero e insensible, atacada de los nervios, llega a enfermar, siendo recluida en un hospital para inocentes, del que la saca su padre. Cortejada y ayudada por Dorotea, acabará siendo su amante.

Mario

Joven prometido de Inés, quien ha sido condenada a casarse con un banquero judío, poco sabemos de Mario, quien ayudará a Inés a superar su sufrimiento y sus cuitas. Sin embargo, la historia de Mario, como la de Ana, guarda extraños e inesperados giros y un traumático pasado que aquí no podemos contar, sin revelar buens parte de esta intrigante historia.

Eduardo Arquer

Don Fernando

Militar, héroe de Flandes, y cortejo de doña Leonor, hombre de humor sanguíneo y celoso, que cuida a Doña Leonor como si fuera su propio marido, a quien respeta y espanta todos los pretendientes.

Don Manuel

Es el marido ruin y libidinoso marido de Laura, libertino, jugador y amigo de juergas, furcias y pr´stibulos. No existe en el mundo un vicio o una perversión que don Manuel no haya probado. Con decir esto, ya está todo dicho.

El banquero judío

Nada sabemos de él, ni siquiera su nombre, salvo que es banquero, que presta al rey, que tiene muchísimos años y que es judío. Su familia no debió ser expulsada por tanto, en tiempos de Isabel La Católica. Presumimos que sea converso.

Marido de Rocío

No aparece con nombre en la obra, pero podemos ponerle un nombre ahora mismo. O mejor, pónganselo ustedes, el nombre que mejor prefieran. Asqueroso, libertino, antes de los escritos de Sade —quizá el divino marqués conociera su biografía — pedófilo y repugnante, podría haber sido el primer invitado a la isla de Jeffrey Eptsein de haber vivido en el siglo XX. No tengo más palabras para definirlo.

Rafael, marido de doña Leonor

Magistrado retirado, avaro, egoísta e hipocondríaco al extremo, Rafael no descansaba por las noches ni dejaba descansar por el día. Aquejado de toda suerte de enfermedades, se despertaba sobresaltado por la noche, presto a sufrir un doloroso infarto, poniendo siempre su mano en el pecho en el lado derecho. Que tuviera alguna noción de anatomía es incierto o tal vez fuera el primer caso conocido de mutación. O quizá Dios lo creara el séptimo día a la hora de la siesta.